Gabriel Boric y José Antonio Kast en el último debate presidencial antes de la segunda vuelta electoral. Foto: Youtube/Anatel
Sociedad

“Voto al menos malo”: Chile tendrá las elecciones más inciertas desde la vuelta de la democracia

Gane quien gane la segunda vuelta presidencial este domingo, llegará al poder sin una base popular sólida

El próximo domingo, 19 de diciembre, los chilenos acudirán a las urnas para votar en la segunda vuelta presidencial. Estas son las elecciones más inciertas desde la vuelta de la democracia en Chile, en 1990. En la disputa, que promete ser reñida, compiten el candidato de extrema derecha, José Antonio Kast, y el candidato de izquierda Gabriel Boric. Esta es la primera vez que una segunda vuelta chilena se disputa entre personas que no pertenecen a ninguna de las dos grandes coaliciones que se han alternado en el poder desde 1990.

En la primera vuelta, Kast quedó primero con el 27,9% de los votos, y Boric segundo, con el 25,8%. En las últimas semanas, el candidato de izquierda había pasado al de extrema derecha, de acuerdo con una encuesta de la consultora Cadem, que afirmó que Boric tendría el 40% de las intenciones de voto, mientras que Kast se quedaría con el 35%. Sin embargo, unos 25%, una franja significativa de los votantes, se declararon indecisos. No se puede olvidar que en Chile voto no es obligatorio

En el pasado, cuando los candidatos pertenecían a partidos tradicionales, como las dos coaliciones, de centroizquierda y de centroderecha, que han gobernado Chile los últimos 31 años, los indecisos iban mitad a un candidato y mitad a otro en la segunda vuelta.  

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Pero estas estructuras partidarias se han visto duramente golpeadas en los últimos dos años desde el “Estallido Social”, denominación dada a la secuencia de protestas diarias realizadas en el país durante meses a fines de 2019 e inicio de 2020. Los partidos históricos quedaron paralizados frente a las protestas y no supieron dar respuestas rápidas a las demandas de los manifestantes.

Fue entonces cuando surgieron figuras que ganaron relevancia política solamente este año, como es el caso de Boric y Kast. Los dos provienen de estructuras partidarias nuevas: Kast fundó su partido hace tres años y Boric fundó el suyo hace dos. 

En este nuevo escenario, el comportamiento de los indecisos es un misterio. 

Los analistas señalan que el electorado chileno está mostrando un comportamiento “fluido”. En las elecciones de mayo para gobernadores e intendentes, los partidos de izquierda y de centroizquierda ganaron de forma abrumadora. La derecha quedó prácticamente relegada, excepto por pequeñas conquistas.

Todos los partidos tradicionales sufrieron una colosal derrota en las elecciones para la Asamblea Constituyente, realizadas el mismo día de la votación para gobernadores y alcaldes, ya que más del 70% de los elegidos para redactar la nueva constitución son independientes con un sesgo de centroizquierda. 

Sin embargo, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, la suma de los votos de todos los partidos de extrema derecha, derecha y centroderecha constituyó el 53,5% del total. O sea, más de la mitad del electorado que acudió a las urnas votó por el lado conservador y neoliberal.

Además de esa mutabilidad que recuerda los versos de la ópera Rigoletto, de Giuseppe Verdi, podríamos decir que el electorado chileno «è mobile / qual piuma al vento / muta d’accento / e di pensiero» («es voluble, como una pluma en el viento, cambia de palabra y de pensamiento»). 

Y, para complicar las cosas, existen otros factores que hacen que el resultado de la segunda vuelta sea altamente imprevisible. 

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Base popular real mínima

Además de los indecisos, hay una parte del electorado que no acudió a votar en la primera vuelta. Y este contingente es significativo: el 53% de los electores chilenos no fueron a votar. La gran pregunta ahora es si estas personas saldrán de sus casas para ir a votar en la crucial segunda vuelta. Diversos analistas consideran que una parte indefinida de estos electores acudirá a los centros de votación.

No obstante, estas personas, si votan en la segunda vuelta, no lo harán por aprecio o amor a uno de los candidatos, sino por el rechazo o la rabia que sienten por el otro. Repasemos los votos de ambos en la primera vuelta:

– Kast con el 27,9% de los electores que acudieron a votar;

– Boric con el 25,8% de los electores que acudieron a votar.

Teniendo en cuenta que más de la mitad del electorado no votó, la verdad es que los candidatos que se enfrentarán en la segunda vuelta han sido elegidos por dos minorías, que son estas:

– Kast, con el 13% del electorado;

– Boric, con el 12% del electorado.

Habría que contabilizar el 13% obtenido en la primera vuelta por el populista de derecha Franco Parisi, cuyos votantes pueden ser definidos genéricamente como “antisistema”. Los analistas consideran que sus votantes podrían dividirse entre Kast y Boric.

El 75% de los electores chilenos votó a otros candidatos o simplemente no fue a votar. Así, el resultado de la elección del domingo es una enorme incógnita, sobre todo debido al llamado “voto vergüenza”, o sea, las personas que ya decidieron a quién darán su voto, pero que se avergüenzan de declararlo formalmente.

Giro hacia el centro

En las últimas semanas Kast y Boric intentaron seducir a los electores de centro. 

Kast moderó su discurso antifeminista y evitó nuevas referencias al dictador Augusto Pinochet, del cual es declarado admirador. Apartó a un diputado de su partido que había sugerido eliminar el derecho al voto de las mujeres (el parlamentar, recién elegido, tuvo que renunciar) y dio marcha atrás en su promesa de eliminar el Ministerio de la Mujer. Kast también deslizó una leve crítica al régimen pinochetista al referirse genéricamente a esa época como “un gobierno autoritario”. Además, suavizó su promesa de ajuste fiscal, indicando que este se hará de forma “gradual”.

José Antonio Kast. Foto: Publicidad / Twitter @joseantoniokast

Boric también viró hacia el centro. Para horror de los sectores laicos de su coalición, se reunió con representantes de las iglesias evangélicas y con sacerdotes católicos para asegurarles que no tomaría medidas contra el sistema de escuelas religiosas. El candidato dio marcha atrás en su propuesta de subir los impuestos a la clase alta y las empresas en el corto plazo, además de retroceder en una de sus principales banderas, la de la eliminación total del sistema privado de jubilaciones.

El candidato también empezó a hablar de “combate a la criminalidad” y de “necesidad de orden público” y calibró el tono con relación al gobierno de Michelle Bachelet, que solía ser el blanco de feroces críticas por parte del candidato. La expresidenta incluso se reunió con Boric, como para respaldarlo, a pesar de sus críticas del pasado. La perspectiva de una victoria del candidato de extrema derecha tiene ese efecto, que el escritor argentino Jorge Luis Borges resumió en un verso: “No nos une el amor, sino el espanto”.

Gabriel Boric. Foto: Divulgación / Twitter @gabrielboric

A pesar de la reciente “centrificación” de los dos candidatos, que intentan mostrarse descremados como si fueran marcas de yogurt a disposición de los consumidores, ambos representan visiones opuestas de Chile. 

Kast, por ejemplo, es un católico fervoroso y está en contra de la legalización del aborto; califica de “ideología de género” cualquier reivindicación de las minorías; aboga por un Estado mínimo (el actual Estado chileno, talvez el menor de la región, es considerado “grande” por Kast) y promete – si es elegido – implementar “la restauración del orden”. No cree en el cambio climático y pretende impedir la entrada de inmigrantes ilegales al país construyendo un inmenso foso en la frontera norte de Chile.

Boric, a su vez, propone fortalecer al Estado con el objetivo de garantizar la educación pública gratuita (en Chile, parte de la educación pública es paga) y de la salud ídem. Boric también promete defender los derechos de las minorías y la igualdad de género.

Boric es del pequeño partido Convergencia Social. Pero, la principal base partidaria de su coalición es el antiguo Partido Comunista chileno. Kast acusa a Boric de obedecer al PC. Boric retruca afirmando que es “independiente”. El candidato de izquierda ha cambiado su tradicional forma de dirigirse al público. En lugar de “compañeras y compañeros”, ahora dice “chilenas y chilenos”.

Hace mucho que Boric es un crítico de los regímenes de Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela. Por lo tanto, Kast no ha podido atacarlo por ese lado específico.

Sea quien sea el nuevo presidente, no tendrá margen para aplicar medidas radicales, ni a la izquierda ni a la derecha, ya que ninguno de ellos tendrá mayoría propia. Y en el Parlamento ambas fuerzas están prácticamente empatadas.

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“La pasión por el orden»

El historiador venezolano Andrés Bello, que se exilió en Chile en el siglo XIX, definió a la sociedad local como “la pasión por el orden”, en referencia al comportamiento habitual de los chilenos de aferrarse al orden, después de algunas décadas de intensa inestabilidad política tras la independencia. 

Para ilustrarlo, pensemos en el país vecino, Argentina. Los argentinos están acostumbrados (o resignados) a la constante inestabilidad política, las crisis económicas, la oscilación del cambio, los bloqueos de avenidas y calles por grupos de “piqueteros”. O sea, el caos forma parte del cotidiano en el país, así como las medialunas en el desayuno y los alfajores en la merienda. Los chilenos, en cambio, temen y rechazan cualquier tipo de mudanza en su vida cotidiana. 

Es por eso que las intensas manifestaciones populares desde 2019, aunque generaron una amplia adhesión al principio, perdieron el apoyo popular debido a la explosión de violencia que siguió. Las personas que estaban de acuerdo con las reivindicaciones, pero no aceptaban la depredación de espacios públicos y privados cometida por una minoría de los manifestantes, abandonaron el movimiento. 

Los analistas señalan que los chilenos quieren reformas en una serie de sectores (salud, educación, seguridad) … pero que se hagan “de forma ordenada”. 

Kast utiliza la violencia de las manifestaciones para atacar a Boric. Para complicar las cosas, Boric nunca ha sido lo suficientemente enfático para condenar las depredaciones, lo que molesta a muchos sectores del electorado. Por si fuera poco, en los últimos años el sur de Chile ha sido escenario de protestas de los indígenas mapuches, que han atacado fincas con cócteles molotov y bloqueado carreteras. Aunque no son grupos vinculados a Boric, esto también ha favorecido el discurso de Kast de “combatir el desorden”. 

En la región de Araucanía, Kast obtuvo el 42,16% de los votos en la primera vuelta, el único caso de un candidato que, en estas elecciones, ha superado el umbral de los 40% en alguna región del país. Allí, Boric solo obtuvo el 16,58% de los votos. 

El discurso antimigratorio de Kast también surte efecto. Este discurso tiene mucho éxito en el norte del país, región más pobre, donde la minería es la principal actividad económica. Los mineros, aunque están altamente sindicalizados (y están de acuerdo con varias posiciones de los partidos de izquierda), son conservadores en el área moral y no quieren la competencia de inmigrantes en las actividades económicas. Esto se hace evidente en la ciudad de Tarapacá, donde en la primera vuelta Kast obtuvo el 30,4% de los votos y Boric apenas el 18,3%.

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Nazismo

El candidato de extrema derecha declaró en diversas ocasiones su admiración por el exdictador chileno Augusto Pinochet quién, durante su régimen militar, tuvo como colaboradores a nazis que trabajaron en la Alemania del Tercer Reich, uno de ellos un famoso pedófilo. El candidato de extrema derecha, al hablar sobre su padre, el alemán Michael Kast, que emigró a Chile en la posguerra, siempre señalaba que su progenitor había sido un simple soldado de las tropas alemanas, y juraba que nunca había sido nazi. 

Sin embargo, la realidad, como se descubrió luego, resultó ser diferente. Una investigación de la Associated Press indicó que Michael Kast se unió al partido nazi en septiembre de 1942, con el carnet número 9.271.831. Ser soldado era obligatorio en Alemania. Pero no era obligatorio afiliarse al partido nazi.

En 1950, Kast padre abandonó Alemania con documentos de la Cruz Roja, después de destruir sus documentos de oficial del Ejército alemán. Y gracias a Erik Wünsch, un exoficial del Tercer Reich que había migrado a Chile, obtuvo las visas para entrar al país. 

El libro “A la sombra de los cuervos”, del periodista investigativo Javier Rebolledo, sobre la participación de civiles en la dictadura chilena, indica que Cristian Kast, hermano del actual candidato, colaboró con la DINA, la tenebrosa policía política de la dictadura pinochetista, una especie de Gestapo local. Además, la obra afirma que Kast padre colaboró en la detención de algunos opositores de Pinochet. 

Constituyente

Mientras tanto, la Asamblea Constituyente está elaborando una nueva carta magna para Chile. Sus integrantes evalúan reducir de forma drástica los poderes presidenciales. 

No se descarta la posibilidad de que el sistema político chileno pase del actual formato hiperpresidencialista a un sistema parlamentarista. De esta manera, podría surgir un escenario en el cual el nuevo presidente (que asume el cargo en marzo) vería reducidos sus poderes meses después de asumir. 

Pero, para eso, es necesario aprobar la nueva carta magna. En el segundo semestre del próximo año, los chilenos acudirán – esta vez con voto obligatorio – a las urnas para definir si aprueban o no la nueva constitución. De no aprobarse, se mantendrá la actual Constitución, del general Augusto Pinochet.