El actual presidente de El Salvador, Nayib Armando Bukele Ortez.
El actual presidente de El Salvador, Nayib Armando Bukele Ortez.. Foto: AndreX/CC BY-SA 4.0
Sociedad

En El Salvador, el millennial que amplía su base autoritaria y desea “bitcoinizar” el país

Nayib Bukele, que asumió en junio del 2019, ejerce un nuevo tipo de autoritarismo en América Latina

Read in englishLer em português

En los últimos dos siglos, América Latina tuvo un significativo superávit de caudillos, dictadores militares y civiles, líderes populistas elegidos en las urnas y demás tipos de charlatanes. Se presentan como “salvadores de la patria” y son alabados frenéticamente por vastos sectores de sus respectivas sociedades. Prometen prosperidad económica y revanchas contra enemigos (para ser más específico, revanchas contra enemigos reales y supuestos enemigos también). El más reciente representante de esta especie política es el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que asumió en junio del 2019. Acaba de cumplir dos años en el poder y tiene otros tres por delante, pero ya prepara reformas constitucionales para quitar la cláusula que impide reelecciones presidenciales, y así, ser su propio sucesor en el 2024.

Bukele es hijo de un empresario del área publicitaria. Siguió los pasos del padre y durante 12 años se encargó de la publicidad del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el exgrupo guerrillero marxista transformado en partido político. Como parte de este partido, fue elegido alcalde de Nuevo Custcatlán en el 2012. En el 2015, fue elegido alcalde de la capital del país, San Salvador. En el 2018, fundó Nuevas Ideas, pero el partido no fue autorizado a disputar las elecciones. Bukele ingresó, no obstante, en la conservadora y populista Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) de derecha.

LEE TAMBIÉN: Outsiders de la política escribirán la nueva Constitución chilena

En la campaña electoral prometió retirar del poder a aquellos que denominaba “los mismos de siempre”, o sea, los representantes del FLMN y de Arena. Sin embargo, sus aliados y miembros del gobierno son exintegrantes del FMLN y de Arena. Todos reunidos en una nueva sigla, como una especie de reempaquetado diferenciado.

En febrero, días antes de tener mayoría propia en el Parlamento, irrumpió en el edificio vestido como oficial, acompañado por militares armados, para exigirle a los diputados la aprobación de diversos fondos. En las elecciones ocurridas poco después, Bukele obtuvo amplia mayoría.

Bukele cuenta ahora con 61 votos en el Parlamento (de un total de 84 escaños), volumen suficiente para tener mayoría cualificada. Con más de 56 votos cualquier presidente puede aprobar lo que quiera, desde presupuestos hasta la suspensión de garantías constitucionales y la designación de integrantes de la Corte Suprema de Justicia.

En mayo, Bukele destituyó a los cinco integrantes de la Corte Suprema de Justicia y además al Procurador General de la República. Luego, prometió expurgar más personas en puestos institucionales de El Salvador. Fue criticado por la Unión Europea, los Estados Unidos y la ONU. Pero Bukele no se intimidó con las críticas. Retrucó, afirmando que se trata de asuntos internos salvadoreños y que está “limpiando la casa”.

LEE TAMBIÉN: En Ecuador, un presidente de derecha gobernará con una base de izquierda, pero eso no es todo

Con tono mesiánico, Bukele sostiene que está “construyendo una nueva Historia”. Sus críticos dicen que es un “telécrata”, porque frecuentemente está en la televisión y en las redes sociales, por medio de las cuales da órdenes a los ministros y también los despide, además de ser visto en los eventos públicos mirando constantemente la pantalla de su celular.

Bukele es una señal de que, en estos tiempos, los líderes autoritarios no necesariamente se encajan en el modelo conservador. Aparece casi siempre con outfits en mode teenager, con la visera de su gorra para atrás.

Desde los acuerdos de paz firmados hace casi 30 años, la política salvadoreña estuvo dividida entre dos partidos, el FMNL, de izquierda, y Arena, de derecha. Pero esta polarización fue implosionada por el nuevo presidente del país. Ahora la división es otra: “bukelista” o “anti-bukelista”.

Su mandato solo termina en el 2024, pero ya en los primeros años de su gobierno perdió un argumento estratégico, un factor crucial para el discurso de los caudillos: ya no puede más acusar a la oposición de bloquear sus proyectos en el Parlamento. Así, tendrá que responsabilizarse por sus propios éxitos o fracasos. Siempre hay una salida en estos casos: buscar un “enemigo externo” o culpar a la prensa nacional.

Algunas semanas atrás empezó a acorralar a la prensa, cuando ordenó al Parlamento que eliminara las exenciones fiscales a los diarios para la importación de materia prima (papel de diario), maquinaria y equipos. Ni las dictaduras militares, ni los gobiernos de derecha e izquierda habían eliminado la ley de exención, de 1950, para los diarios impresos. La medida, un clásico de diversas dictaduras en los últimos cien años, se tomó, coincidentemente, después de críticas de la prensa, iniciadas en enero, sobre la falta de transparencia de su gobierno.

Uno de los motivos para que su popularidad sea elevada es la caída drástica de los asesinatos en el país. Es algo que llama la atención, ya que desde hace décadas El Salvador siempre estuvo en la pole position (o en segundo o tercer lugar) de los países más violentos de América Latina.

Él dice que aplica un plan especial para reducir la violencia. Sin embargo, no explica cuál es. Existirían negociaciones entre el gobierno salvadoreño y las “maras” (denominación de las inmensas y truculentas pandillas que controlan varias áreas del país) sobre las cuales Bukele no dice nada.

Investigaciones llevadas a cabo por el medio digital El Faro indican que el gobierno otorgó beneficios penitenciarios a los integrantes de las maras, flexibilizó el sistema de seguridad máxima, cambió guardias que los presos consideraban muy rigurosos o violentos, permitió la venta de pizzas dentro de las prisiones, entre otros.

Además de sus actividades criminales, en los últimos años las maras se transformaron en una especie de grupo de presión que amenaza políticos para obtener de ellos fondos para comprar armas y repartir alimentos en barrios pobres, y así lograr la obediencia de sus habitantes.

Días atrás, el millennial Bukele tomó, inesperadamente, una actitud “disruptiva” más al anunciar que El Salvador se transformaría en el primer país en adoptar el bitcoin como moneda de curso legal. La nación centroamericana continuará a tener su moneda, el colón, pero también usará el bitcoin.

LEE TAMBIÉN: Elecciones en Perú: la encrucijada entre el caballero desconocido y la hija del dictador

El anuncio se hizo en inglés, aunque el idioma oficial de El Salvador sea el castellano. Bukele no hizo una conferencia de prensa para explicar su decisión. Solamente publicó mensajes, a granel, por las redes sociales, hablando sobre el asunto.

La ONG Acción Ciudadana declaró que la decisión de implementar los bitcoins es una “cortina de humo” para desviar la atención de los problemas del país. Es una manera de intentar mejorar la imagen internacional de Bukele, golpeada por sus recientes medidas autoritarias. Para parte de la opinión pública, con esta medida, Bukele vuelve a ser un presidente cool.

El proyecto de la moneda virtual fue enviado al Parlamento de forma inesperada, sin consultas previas con economistas especializados o audiencias públicas. En un trámite rápido, fue aprobado por el Parlamento dominado por Bukele. La oposición solo pudo hacer protestas formales, sin lograr impedir la acción presidencial.

La nueva ley estipula que todos los agentes económicos deberán aceptar pagos en bitcoins. Sin embargo, esto excluye a las personas que no tienen acceso a tecnologías que permitan realizar transacciones en la moneda virtual (70% de los salvadoreños no tiene cuenta bancaria y trabaja en la economía informal).

Inmediatamente después del anuncio, el FMI alertó a Bukele que la implantación del bitcoin “implica una serie de problemas macroeconómicos, financieros y legales”. Sin embargo, la medida generó entusiasmo entre muchos salvadoreños, ya que con el bitcoin los migrantes que residen en los Estados Unidos podrán enviar remesas a sus familias en El Salvador sin tener que pagar comisiones. Las remesas representan el 20% del PIB salvadoreño.

Traducido por Adelina Chaves

Keywords