Haití: el caos político y social que culminó con el asesinato de Jovenel Moise
Jovenel Moise en su poder en 2017. Foto: Igor Rugwiza/UN/MINUSTAH/Fotos Públicas
Sociedad

Magnicidio Haitiano agrava el caos del paupérrimo país

Desde el fin de la 2ª Guerra Mundial Haití sufrió 23 intentos de golpes de Estado. De estos, solo ocho han fracasado

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Días atrás Haití fue el escenario del primer magnicidio de las Américas en este siglo. O sea, el primer asesinato de un jefe de Estado durante su mandato desde la muerte del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en 1961. La víctima fue el presidente Jovenel Moise, quien recibió 12 disparos de un grupo de presuntos mercenarios que irrumpieron en su casa de Puerto Príncipe, la capital del país, en las primeras horas de la madrugada. La primera dama, Martine Moise, resultó herida, pero sobrevivió y fue trasladada de urgencia a un hospital de Miami, en Estados Unidos.

Con esta muerte, y como no existen vicepresidentes en Haití – el comando del país pasó a manos del primer ministro Claude Joseph, que decretó el estado de sitio. Casualmente, Joseph iba a ser reemplazado en la semana de la muerte de Moise por un nuevo primer ministro, Ariel Henry, nombrado por el presidente el lunes, pero que todavía no había sido confirmado por el Parlamento.

La constitución haitiana determina que, en caso de muerte o renuncia del presidente, el primer ministro permanece en el cargo hasta que se elija un nuevo presidente.

La otra coincidencia es que el país tendrá elecciones presidenciales en breve, en septiembre. El primer ministro Joseph – para mostrar el respaldo de los cuarteles (sector siempre crucial en la turbulenta historia haitiana) – declaró que las fuerzas armadas están en control de la situación.

Sin embargo, Ariel Henry – quien iba a ser primer ministro, pero no lo fue – dijo que Joseph no puede permanecer en el cargo. “Ya estoy armando mi propio gabinete”, afirmó Henry. Claude Joseph era del mismo grupo político de Moise. Ariel Henry es de la oposición.

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Normalmente, en crisis similares, los grupos políticos indican que la mejor solución es dejar la presidencia interina de la República en manos del presidente de la Corte Suprema de Justicia. Pero la pandemia ha complicado aún más la política haitiana, ya que el juez René Sylvestre murió de covid-19 días atrás. Tampoco podría asumir el presidente del Parlamento, ya que este fue disuelto.

Uno de los candidatos a las elecciones de septiembre es el expresidente Michel Martelly, una exestrella del carnaval haitiano, que fue el padrino político de Moise.

Antes de llegar al poder, Moise era un exitoso empresario que entró a la política recientemente, en 2015. Tenía varias empresas. Pero su mayor éxito fue la producción de bananas orgánicas, que le valió entre los haitianos el apodo de “el hombre banana”.

Elecciones presidenciales en Haití en 2016. Foto: Logan Abassi UN/MINUSTAH/Fotos Públicas

Disputó las elecciones de febrero del 2016. Moise habría sido el ganador. Pero debido a una avalancha de denuncias de fraude se realizaron nuevas elecciones en noviembre de ese año. Ganó este otro round en las urnas y asumió en febrero del 2017.

Moise empezó a afirmar que su mandato terminaría en febrero del 2022, ya que el período presidencial es de cinco años. Sin embargo, la oposición alegaba que los cinco años valían a partir de la salida de su antecesor. O sea, si Martelly salió en febrero de 2016, el mandato de su sucesor terminaría en febrero de 2021.

El país tendría que haber realizado elecciones parlamentarias en 2018. Sin embargo, Moise no llevó a cabo esas elecciones y gobernó por decreto desde entonces. En los últimos dos años Moise reprimió las protestas populares con intensa violencia. Por decreto, amplió la definición de “terrorismo” para incluir todo tipo de disidencias.

Moise había convocado a un plebiscito para realizar una reforma constitucional que le permitiera reforzar sus poderes presidenciales, ya que la constituyente estaría integrada por personas elegidas por él. Sin embargo, la constitución haitiana impide todo tipo de plebiscito para modificar la carta magna. El plebiscito fue pospuesto debido a las protestas sociales. Pero su realización está prevista junto con las elecciones presidenciales y parlamentarias en unos pocos meses.

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Moise se autodefinía como “Après Dieu”, o sea, como el segundo después de Dios. Para complicar, Haití es el único país del continente en el que ningún habitante ha sido vacunado contra el coronavírus. La falta de vacunas no se debe a cuestiones financieras, ya que el país fue incluido en la lista de naciones que recibirían vacunas del mecanismo internacional Covax. Sin embargo, la entrega prevista de vacunas nunca sucedió porque las encuestas indicaban que entre el 80% y el 90% de la población no quería vacunarse, especialmente con Astrazeneca, que fue un blanco específico de las fakenews en el país.

El gobierno, para no contrariar las supersticiones populares, rechazó las vacunas. Sin embargo, Moise declaró la emergencia sanitaria con el crecimiento de los casos y cambió de opinión sobre las vacunas. Pero estas solo comenzarían a llegar gradualmente al final de este mes de julio.

Haití vive en estado de crisis permanente. Sin embargo, este magnicidio ocurre en un momento de extrema debilidad y con una proporción inédita de pandillas que se disputan áreas del país, además de la pandemia, la devastación causada por los huracanes, la pobreza extrema crónica (el 60% de los haitianos ganan menos de US$ 2 por día). Y, para colmo de males, la crisis político electoral.

En los últimos meses la violencia de las pandillas se intensificó. Solo en la capital hay un centenar de ellas, que se disputan el territorio de la paupérrima ciudad, llegando a levantar barricadas, creando virtuales feudos del crimen. Los analistas advierten sobre la eventual transformación de Haití en una especie de “Somalia de las Américas”, o sea, una virtual fractura del país en regiones comandadas por varios caudillos locales, en estado de conflicto permanente.

La Policía haitiana sostiene que 28 personas participaron en el magnicidio (luego del cual partieron tranquilamente en cinco camionetas), de las cuales 26 serían colombianas. Por este motivo, el ministro de Defensa de Colombia, Diego Molano, declaró que militares de la reserva del ejército colombiano estarían implicados en la muerte de Moise. Sin embrago, la Policía haitiana todavía no explicó cuáles serían los motivos del grupo para perpetrar el asesinato del presidente de Haití. Los expertos sostienen que la operación fue muy bien preparada, algo que requiere tiempo y dinero.

El inicio del drama

El territorio donde actualmente se sitúa Haití fue el segundo punto del continente que pisó Cristóbal Colón en 1492. Con la ayuda de los amables indígenas locales, los “Tainos”, fundó “La Natividad”. Colón dejó 39 marineros en el lugar, mientras continuaba su misión de explorar ese lado del Océano Atlántico en busca de las Indias. Los marineros, entonces, comenzaron a esclavizar y maltratar a los tainos. Los nativos se rebelaron y mataron a los españoles. Así empezó la Era Moderna de este lado de la isla.

Los siglos siguientes seguirían marcados por la muerte. Conquistada posteriormente por los franceses, fue poblada por cientos de miles de africanos esclavizados.

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Pero en 1789 la Revolución Francesa acabó con la monarquía en París y predicó la fraternidad y la libertad entre los hombres. Estas ideas llegaron a Haití. Primero a los blancos. Y días después, a los afrohaitianos. Estos iniciaron, en 1791, una rebelión que se extendió por todo el país. El exesclavo Toussaint Louverture se convirtió en general de las fuerzas rebeldes.

En 1802 Napoleón Bonaparte envió tropas para recuperar el control de la isla. Luego de victorias y derrotas, los afrohaitianos triunfaron. En 1804 un antiguo aliado de Louverture, Jean-Jacques Dessalines, proclamó la independencia.

Jean-Jacques Dessalines, quien proclamó la independencia de Haití en 1804.

De esta manera, Haití se convirtió en el segundo país de América en proclamar la independencia (luego de los Estados Unidos, en 1776) y en instituir una república como forma de gobierno.

Pero la república y los sueños de democracia duraron poco, ya que Dessalines optó por copiar a su enemigo Napoleón y se proclamó emperador, con el nombre de Jaques 1º. En 1806 fue asesinado por un grupo de excolaboradores suyos, entre ellos Henri Christophe, que también se proclamó rey.

Henri 1º gobernó con una política económica de trabajos forzados en las plantaciones de caña de azúcar. O sea, el país había expulsado a los franceses y puesto fin a la esclavitud, pero el monarca volvió a imponer la esclavitud para parte de sus súbditos.

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Al mismo tiempo que la mayor parte de la población continuaba en la pobreza, Henri construyó seis castillos, ocho palacios y creó una nobleza repartiendo títulos nobiliarios en pleno Caribe.

El país se hundía en la miseria, pero tenía cuatro príncipes, ocho duques, 22 condes, 40 barones y 14 caballeros. El sistema republicano volvió a Haití con la muerte de Henri.

Pero, en 1847, el general Faustin Soulouque asumió como presidente y dos años después se declaró emperador, con el nombre de Faustin 1º. Fue coronado en una ceremonia con toda la pompa, ya que había mandado hacer un manto imperial, una corona, cetro, esfera armilar, y otros accesorios, además de un trono similar al usado por Napoleón 1º.

El general Faustin Soulouque prestó juramento como presidente en 1847 y luego se declaró emperador de Haití.

En 1858 la república volvió a Haití. Pero, a pesar del cambio de régimen, el autoritarismo se mantuvo. Y, también, la inestabilidad, pues pocos presidentes lograron terminar sus mandatos. Y algunos vieron sus gobiernos dramáticamente interrumpidos. Ese fue el caso de Vibrun Guillaume Sam, un autócrata que gobernó brevemente, ejerciendo una cruel represión sobre la población.

Cinco meses después de convertirse en presidente ordenó el fusilamiento de 167 prisioneros políticos. Pero, asustado por la reacción enfurecida de la población, se refugió en la Embajada de Francia.

Sin embargo, una turba entró al edificio, capturó a Sam y lo arrojó por la barandilla de la embajada. Al caer a la calle, la población lo mató arrancando pedazos de su cuerpo. Luego, los grupos desfilaron por las calles, cada uno con una parte de Sam.

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Más tarde, el presidente estadounidense Woodrow Wilson, alegando que Haití corría peligro de ser invadido por el Imperio Alemán (el mundo estaba en plena Primera Guerra Mundial y la poderosa comunidad alemana en la isla controlaba el 80% del comercio internacional haitiano), decidió ocupar el país. Pero la Primera Guerra Mundial terminó en 1918 y la intervención militar de Estados Unidos continuó hasta 1934.

Deuda con los excolonizadores

Uno de los presidentes, Jean-Pierre Boyer, en 1825, presionado por Francia, firmó un acuerdo por el cual Haití debía pagar una indemnización por la pérdida de propiedades de ciudadanos franceses debido a la independencia (estancias, personas esclavizadas, etc.). El insólito tratado estipulaba un pago de 150 millones de francos. Posteriormente la deuda se redujo a 90 millones de francos, el equivalente a US$ 21 mil millones actualmente. La deuda con Francia se canceló finalmente en 1893. Durante ese período, el 80% de los impuestos de Haití se destinó al pago de la deuda.

La dinastía dictatorial

En 1956 el presidente Magloire fue derrocado y el país se sumergió en un año que fue caótico incluso para los estándares tradicionalmente caóticos de Haití. En 1957 fue elegido François Duvalier, un médico que había tenido éxito en la lucha contra las epidemias. Duvalier tenía fama de “humano” por haber trabajado muchos años en barrios marginales de Haití, donde recibió el apodo de “Papa Doc” (Papá Doctor).

François Duvalier, el «Papa Doc», en 1969. Foto: Shutterstock

Al principio la población esperaba que Duvalier fuera un humanista, un administrador justo. Sin embargo, poco tiempo después de asumir creó una milicia rural, la “Sécurité Nationale” (Seguridad Nacional). Pero sus integrantes fueron más conocidos por el apodo de “Tonton Macoute”. Esta milicia, que sembró el terror durante décadas, tenía el doble de hombres que las Fuerzas Armadas.

El “duvalierismo” fue clasificado como un “fascismo del subdesarrollo” por varios intelectuales. Otros lo llamaron “Papadocracia” e indicaron que era un gobierno “semifeudal”.

El régimen se hizo famoso por sus torturas, especialmente en los sótanos del propio palacio presidencial. Las salas de tortura estaban pragmáticamente pintadas de marrón, para evitar que la sangre salpicada de los cuerpos resaltara demasiado en las paredes. Los hombres de Duvalier encontraron una solución para eso con la alternativa de sumergir a los opositores en grandes tinas de ácido sulfúrico.

Duvalier, además, potenció la presencia del vudú, la religión haitiana de origen africano. Para impresionar a la población supersticiosa, el dictador usaba el traje de una de sus creencias, el “Baron Samedi”. Se trata de uno de los crueles “loás” (espíritus) del vudú haitiano, con saco negro, moño y sombrero de copa.

Las elecciones de 1957, en las cuales Duvalier fue elegido por primera vez, fueron limpias, una novedad debido al orden y fraudes mínimos. Pero su reelección en 1961 fue caracterizada por la manipulación. El resultado oficial fue de 1.320.748 votos a favor de Duvalier. Ni un solo voto en contra. De hecho, era el único candidato.

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Cuando su gobierno era criticado, Duvalier respondía con su voz siniestramente suave y pausada: “Esta no es una democracia francesa, alemana o estadounidense… ni siquiera es una democracia latinoamericana… esta es una democracia africana”.

En 1961, Duvalier – luego de leer sobre la inauguración de Brasilia – decidió hacer su propia ciudad monumental. El egocentrismo del dictador no daba margen a otro nombre que no fuera “Duvalierville”. Sin embargo, la ciudad nunca fue terminada. Los fondos para su finalización desaparecieron en los bolsillos de los contratistas y del mismo gobierno. La ciudad se transformó en un inmenso tugurio de hormigón (tras la caída de los Duvalier, en 1986, Duvalierville fue rebautizada con el peculiar nombre de “Cabaret”).

Duvalier murió en 1971. Su sucesor fue Jean-Claude Duvalier, su hijo regordete y mimado, que a los 19 años se convirtió en el más joven jefe de Estado del planeta. A “Baby Doc”, como lo llamaban, solo le interesaban los automóviles de lujo, entre ellos una Ferrari, con los cuales corría por la pista del aeropuerto de la capital, única área de asfalto en el país.

Jean-Claude Duvalier, el «Baby Doc», en la foto de 2011. Foto: Shutterstock

Baby Doc, como presidente vitalicio, se casó con la bella Michelle Bennett. “Michelle colecciona zapatos y enemigos” decían irónicamente en la capital por ese entonces.

A Michelle le encantaban los abrigos de visón. Pero, como esta prenda era inviable en el tórrido calor de Haití, Baby Doc buscó una solución: instaló un carísimo sistema de refrigeración dentro del palacio presidencial, donde Michelle podía usar sus pieles compradas en París. Los funcionarios del palacio, en tanto, se resfriaban.

Sin embargo, la economía iba de mal en peor y el hambre se extendía, generando focos persistentes de revuelta que los Tonton Macoute no podían evitar.

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Simultáneamente, el gobierno del presidente estadounidense Ronald Reagan enviaba millones de dólares anualmente al gobierno haitiano como “ayuda humanitaria”. El objetivo era reforzar a Haití como un “bastión anticomunista”, ya que está a solo 80 kilómetros de las playas de Cuba. Sin embargo, el dinero, en vez de ser usado para reducir la pobreza (y minimizar las posibilidades de una revuelta) iba a los bolsillos de los Duvalier, los Bennett y los asesores del gobierno. Un día, Washington dejó de financiar al dictador. Y fue el principio del fin.

En febrero de 1986, tras meses de huelgas en diversos ámbitos de la economía, manifestaciones reprimidas con balas, y torturas a opositores, el dictador declaró en cadena nacional de radio y TV que estaba “firme como la cola de un mono” e que “la paz reina en el país”. Luego, organizó una fiesta fastuosa. Y al terminar el evento se fue del país, llevándose US$ 120 millones que había saqueado del Banco Central.

Padre e hijo habrían acumulado en conjunto, el fusilamiento, decapitación o asesinato de 60 mil civiles. Otros cientos de miles de haitianos murieron de hambre y enfermedades durante la dictadura de los Duvalier.

Entre 1986 y 1988 el país fue gobernado por una junta militar para hacer la transición a la democracia. En 1988 fue elegido Leslie Manigat, derrocado tres meses después. En 1990 el padre salesiano Jean-Bertrand Aristide fue elegido presidente, pero en 1991 fue derrocado por los militares.

La dictadura duró hasta 1994, cuando Aristide volvió al poder, apoyado por los Estados Unidos. Durante una década hubo elecciones regulares, hasta que en 2004 el país se vio sumido en rebeliones en varias regiones. Un presidente de transición solicitó la intervención de la ONU en el país. Así, 7 mil hombres de Brasil, Argentina, Chile y Jordania, entre otros países, fueron enviados por la misión que fue conocida con la sigla MINUSTAH. Hubo nuevas elecciones en 2006, 2011 y 2016. En 2010 Haití sufrió un terremoto de magnitud 7.0 que arrasó la capital, provocó un gran número de muertes y destruyó residencias.

Traducido por Adelina Chaves

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