Foto: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile
Sociedad

Lucía Hiriart, la Lady Macbeth del pinochetismo, tomó el ferry de Caronte

La viuda de Pinochet, que falleció el último jueves, no era “la mujer detrás del trono”, sino “la mujer al lado del trono” de la dictadura.

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Lucía Hiriart, o Lucía Hiriart de Pinochet, o señora Lucía, nació un 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. Ironías de la vida, su marido, el dictador y general Augusto Ramón Pinochet, falleció un 10 de diciembre. Lucía murió este jueves 16, casi una semana después de los 15 años del día en que su marido tomó el ferry de Caronte para atravesar el Aqueronte, haciendo alusión a la mitología griega y la parte del Infierno en La Divina Comedia de Dante. O, como decíamos otrora en mi tierra, “fue a estirar la pata a La Plata”.

Los dos protagonizaron las más grandes violaciones a los derechos humanos de la historia de Chile. Lucía era una versión chilena de Lady Macbeth, de William Shakespeare, mezclada con Dolores Umbridge, la aliada de Voldemort en Harry Potter, de J.K.Rowlings.

Este fallecimiento tiene más coincidencias pintorescas. Su muerte ocurrió solo tres días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo 19. La otra coincidencia es que el pinochetismo, luego de haber pasado más de una década fuera de la escena política chilena, volvió en modo “walking dead” a través de José Antonio Kast, el candidato de extrema derecha, un declarado admirador de Pinochet.

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Lucía tenía una inmensa influencia en las decisiones políticas de su marido dictador. Según su biógrafa no oficial, Mónica González, “ella le preguntaba a Pinochet todos los días qué iba a ocurrir al día siguiente, opinando sobre todo, y, así, determinando el destino de muchas personas, incluso de los generales del régimen. Eran una pareja que tomaba decisiones en conjunto. Ella no era la mujer que estaba detrás del trono… ¡era la mujer al lado del trono!” 

Cada dos por tres, cuando se enojaba con la actitud de alguien, le insistía a su marido dictador: “¡Esa persona tiene que pagar!” Y cada vez que Pinochet reaccionaba de una forma que ella consideraba “lenta” aparecía en su despacho para lanzarle un aluvión de reprimendas. 

La gama de demandas de Lucía era amplia, desde arrestar a un opositor hasta impedir que un general de Pinochet se separara de la esposa.

Pinochet creó el Departamento de Inteligencia Nacional, más conocido por la sigla DINA, una policía política que era – mutatis mutandis – un clon sudamericano de la Gestapo del Tercer Reich de Adolf Hitler. Lucía tenía un contacto permanente con los integrantes de la DINA, ante los cuales discursaba lanzando frases como “¡esta afrenta se pagará con sangre!”

Lucía Hiriart y familia en el velorio de Pinochet, en diciembre de 2006. Foto: En Todos Lados !!’s

Las peleas en la cocina

Lucía, nacida en 1924, era hija de un senador y desde niña soñaba en ser la esposa de un presidente. Durante años le dijo a su marido – a menudo en discusiones en la cocina – que podría tener una vida mejor si no se hubiera casado con él. A finales de los años 40, el Ejército envió a Pinochet y su familia a vivir a Iquique, en el paupérrimo norte del país, en una casa austera. “¡Milico!, ¡poca cosa!, nunca vamos a salir de este hoyo!”, vituperaba Lucía. 

Años después, ya instalados en Santiago, la capital del país, Lucía seguía quejándose. El militar retrucaba, afirmando que un día podría ser ministro de Defensa. Ella, a los gritos, le decía: “Ministro, no. ¡Tienes que ser presidente!”.

En 1973, se estaba preparando el golpe contra el entonces presidente socialista Salvador Allende. El plan fue inicialmente de la Marina, que después incorporó a la Aeronáutica. Pero, faltaba el Ejército. El día 23 de agosto, el general Carlos Pratt renunció a su cargo y recomendó a Allende que pusiera en su lugar al general Pinochet, a quien consideraba un “apolítico”.

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Varios militares pidieron a Pinochet que se uniera a los conspiradores. Pero Pinochet no se decidía. 

Una noche, pocos días antes del alzamiento militar, mientras sus hijos dormían, Lucía tomó a su marido del brazo y le dijo: “¡Eres un cobarde! Nuestros hijos van a terminar viviendo bajo el comunismo. ¡No tienes el valor de asumir tus responsabilidades!”. En ese momento Pinochet le contestó que no la defraudaría (el mismo general, en entrevistas muchos años después, admitió la existencia de esa discusión).

Otra biógrafa no autorizada de Lucía, la periodista Alejandra Matus, afirma que “ella fue importante para que Pinochet traicionara a sus camaradas, aceptando la muerte de gente cercana, la tortura de familiares e incluso el exilio de la propia prima”.

El escritor y periodista argentino Juan Gasparini, cuando pensó en escribir el libro Mujeres de Dictadores (una obra publicada en el inicio de este siglo en la que relata y analiza la vida de las esposas de algunos de los hombres fuertes de la política internacional de las últimas décadas), me dijo que se preguntaba: “¿Detrás de un hijo de p… siempre hay una hija de p…?”. 

Sin embargo, la respuesta que encontró fue otra: “No. Detrás de un dictador hay de todo un poco”. Gasparini, que vive en Suiza desde que se exilió durante la dictadura militar argentina (1976-1983), me dijo que muchas de estas mujeres de dictadores “son más malas que sus maridos, otras veces viven en un permanente conflicto, otras se arrepienten y rompen con ellos, pero todas, sin excepción, los apoyan, por lo menos al principio”.

En los años 70, según relatan Claudia Farfán y Fernando Vega en el libro La familia, un ministro presenció, desconcertado, una discusión entre los dos durante un almuerzo. Pinochet hablaba de asuntos relacionados con el dólar en la economía chilena cuando Lucía lo interrumpió de manera brusca: “¡Basta! ¿Qué sabes tú de economía?” El dictador respondió con vacilación: “Algo sé…” Y luego siguió almorzando. Según los autores del libro, Pinochet nunca contradecía a su mujer en público. Si no estaba de acuerdo con algo que ella decía, se callaba y apartaba la mirada.

En 1984, un año de fuertes protestas contra el régimen de su marido, Lucía dijo en un discurso: “¡Si yo fuera la jefa de gobierno, sería mucho más dura que mi marido! Habría declarado el estado de sitio en todo Chile”.

Aspirante a la presidencia

Años después, cuando la dictadura ya había perdido el apoyo de Washington (a fines de los años 80 la Casa Blanca ya consideraba a Pinochet una molestia), el régimen planeó realizar un referéndum en 1988, en el cual los chilenos tendrían que decir “no” a Pinochet, o aceptarlo hasta 1997. La idea del referéndum había sido preparada por Lucía dos años antes. Su marido perdió el plebiscito. O sea, los chilenos ya se preparaban para volver a la democracia.

Nada dispuesta a abandonar el poder, “la señora Lucía” analizó la posibilidad de presentarse como candidata a la presidencia de la República en 1989, pero fue disuadida por el círculo de asesores de su marido.

Además de los crímenes contra la Humanidad, Pinochet protagonizó varios escándalos de corrupción. Uno de ellos fue el Caso Riggs, que salió a la luz en 2004 gracias a una investigación del diario The Washington Post. El periódico descubrió 125 cuentas bancarias, con un total de US$ 17,86 millones, que el exdictador había abierto con diversos pasaportes con su foto y huella digital (aunque con nombres falsos) en el Riggs Bank de Estados Unidos. Lucía Hiriart también fue procesada en esa ocasión como cómplice de esos tejemanejes financieros. 

En 2005, fue investigada por la Justicia a pedido de las autoridades financieras, acusada de complicidad en el delito de evasión fiscal por un total de US$ 2,3 millones. Pero sus abogados lograron la anulación de los procesos. En 2007, fue detenida por 20 días por malversación de fondos públicos. 

Durante casi tres décadas, Lucía comandó la Fundación CemaChile, que en los años 80 recibió de la dictadura 286 inmuebles del Estado chileno sin pagar nada a cambio. Lucía vendió una gran parte de esas propiedades a particulares, embolsándose supuestamente el dinero.

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¿Y las elecciones 2021 de Chile?

Lucía Hiriart murió a los 99 años en el último día de la campaña electoral de la segunda vuelta presidencial. En las redes sociales abundaron los elogios a ella por parte de grupos de la derecha radical, mientras proliferaban memes y frases al estilo “no hay mal que dure 100 años”. 

Horas después de su defunción, la expectativa era que los dos candidatos se pronunciaran sobre Lucía. Nada sucedió.

Gabriel Boric y José Antonio Kast en el último debate presidencial antes de la segunda vuelta electoral. Foto: Youtube/Anatel

El candidato de extrema derecha, José Antonio Kast, que en muchas ocasiones se declaró admirador del difunto dictador, viene conteniéndose para intentar seducir al electorado de centro. Cualquier declaración apologética sobre la esposa del dictador tendría un impacto negativo en los votos de este domingo. 

Kast intentó eludir el problema diciendo que no conocía personalmente a la ex primera dama de la dictadura y esquivó comprometerse con su presencia en las exequias alegando que el velorio sería exclusivamente familiar. 

El candidato de izquierda, Gabriel Boric, por su parte, evitó celebrar la muerte de quien fue una cómplice de los crímenes de la dictadura, diciendo diplomáticamente que ella “murió impune”, destacando que él “no celebra la muerte ni la impunidad”.

Algunas cifras de la dictadura de Pinochet (y de la crueldad con las mujeres)

Entre 1973 y 1990 (o más precisamente, entre 1973 y 1980, la fase más dura), el régimen de Pinochet detuvo y torturó a, por lo menos, 40.280 civiles. De este total, según un informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura — también conocida como Comisión Valech —, 3.225 civiles fueron asesinados. Otros 200.000 chilenos se exiliaron durante el régimen. 

La dictadura pinochetista fue especialmente cruel con las prisioneras. La Comisión Valech indicó que de un total de 3.621 mujeres detenidas, 3.399 fueron violadas individual o colectivamente por los militares. Por lo menos 13 quedaron embarazadas. De ellas, seis dieron a luz a los hijos indeseados de sus torturadores.

En los últimos años, con la revisión de los crímenes de Pinochet y sus oficiales, más de 700 exintegrantes de la dictadura han sido procesados en la Justicia.

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