Sao Paulo, SP, Brasil, 2 de junio de 2020: La gente espera en una larga fila para recibir donaciones de alimentos durante la grave crisis económica causada por la pandemia de COVID-19. Foto: Nelson Antoine/Shutterstock
Sociedad

Con la estrategia “Huevo Kinder”, las startups atacan el desperdicio de alimentos

Startups como la brasileña Food to Save, la mexicana Cheaf y la chilena GoodMeal atacan el problema utilizando tecnología y un hábito reciente para todos nosotros: comprar por Internet

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Siempre se supo que la producción de alimentos en el mundo es más que suficiente para alimentar a todos los seres humanos, pero el hambre persiste en varios países. Paradójicamente, el desperdicio de alimentos sigue siendo un problema, incluso en estos lugares. ¿Hay alguna forma de evitar que sigamos tirando alimentos en buen estado a la basura?

Y no es poca cantidad. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2019 se han desperdiciado 931 millones de toneladas de alimentos, equivalente al 17% de la producción mundial. Aunque la mayor parte de esa cantidad se desperdicia en los hogares (61%), también es relevante lo que se desperdicia en el sector de servicios (restaurantes, hoteles, escuelas) y en el comercio (mercados, tiendas de alimentación), con un 26% y un 13%, respectivamente.

Startups como la brasileña Food to Save, la mexicana Cheaf y la chilena GoodMeal están tratando de abordar este problema en primera línea. Valiéndose de la tecnología y de un hábito relativamente reciente —comprar a través de apps —, ofrecen al consumidor los excedentes de restaurantes, panaderías y supermercados, productos aún aptos para el consumo humano, pero que antes eran desechados por diversas razones, con descuentos de hasta el 70%.

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Para Lucas Infante, fundador y CEO de Food to Save, el modelo que utilizan es un “gana-gana-gana”. “Beneficio para el usuario, que salva estas bolsas [-sorpresa]; para el establecimiento, que genera un nuevo flujo de clientes y venta cruzada; y para el medio ambiente.”

Las tres startups trabajan con el concepto de bolsa-sorpresa. Es decir, a cambio de un gran descuento, el consumidor renuncia a elegir los productos que va a comprar. Es lo que Infante llama de «Huevo Kinder Adulto». En Food to Save, el consumidor sólo elige el tipo de alimento (salado, dulce o mixto) y uno de los tres tamaños/precios de la bolsa.

Las bolsas contienen productos que están cerca de su fecha de validez o que no tienen el aspecto ideal (piense en frutas y verduras “feas”), pero que aún son seguros para el consumo humano. Además de facilitar la logística de los establecimientos asociados, el factor sorpresa es también una forma de sensibilizar y llamar la atención. “Quiero llamar su atención, y la de todos, sobre el tema del desperdicio de alimentos”, explica Infante.

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Entre Brasil y España

La idea de crear Food to Save nació cuando Infante estaba al frente de otro emprendimiento, una franquicia de Carrefour en Málaga, España, donde vive con su familia desde hace seis años. (Actualmente, su esposa dirige la franquicia). “El primer impacto [en el supermercado] son ​​estos excedentes – desde el producto que termina rechazado en la sección de frutas o ese Danone [productos lácteos] que está cerca de su fecha de vencimiento y que acaba por no venderse y se tira. Esto terminó por molestarme mucho”, recuerda el empresario.

Lucas Infante, cofundador y CEO de Food to Save. Foto: Divulgación.

Inspirado por otra startup, Too Good to Go, de Dinamarca, fundada en 2015 y con presencia en Europa y Estados Unidos, en octubre de 2020 Infante viajó a Brasil para invitar a su primer socio, Murilo Ambrogi, entonces en iFood, a trabajar en una idea similar. En dos meses, la dupla perfiló y dio los primeros pasos de lo que se convertiría en Food to Save. (Infante interrumpió el brainstorming para volver a España para estar presente en el nacimiento de su hija).

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Food to Save nació con capital propio (bootstrapping) aportado por los tres socios — Lucas Infante, Murilo Ambrogi y Fernando Henrique dos Reis — y recibió una inversión ángel. En total, ya se han invertido BRL 800.000 en el negocio, que ahora se prepara para una ronda semilla.

Por ahora, el servicio está disponible en Sao Paulo capital, en Campinas y en el ABC paulista.

El MVP (acrónimo de “Minimum Viable Product”, en español «Producto Mínimo Viable») de Food to Save fue un perfil en Instagram, lanzado en mayo de 2020. «Empezamos a vender por ‘Direct’ [mensajería], una cosa muy loca, una startup total.» Antes de la aplicación vino el sitio web, que ayudó a los fundadores a recopilar datos e ideas para mejorar la usabilidad del sistema. La app para Android e iOS empezó a funcionar a fines de 2021 y ya acumula más de 100.000 descargas.

«Yo era parte del problema»

Rodrigo Haydar, de 31 años, pasó los últimos años trabajando con multinacionales de alimentos y bebidas en América Latina y Asia. En una entrevista con LABS, dice que era “parte del problema del desperdicio de alimentos”. “Muchas veces me vi obligado a tomar decisiones que, debido a factores externos, como regulaciones gubernamentales, cambios en las tablas de especificaciones o incluso un pequeño error en un documento de exportación, resultaban en toneladas de alimentos en perfecto estado que se desperdiciaban.”

Rodrigo Haydar, cofundador de GoodMeal. Foto: Divulgación.

Ante esta situación, regresó a Chile y fundó GoodMeal, no sin antes hacer una profunda investigación de campo. Con su socio, Maximiliano Acosta, buscó soluciones en otras partes del mundo. Paralelamente, estuvo dos semanas hablando con 200 dueños de restaurantes chilenos. “Llegamos a una conclusión clara: nadie quería tirar comida, pero no había soluciones disponibles que no generaran un gran impacto en sus operaciones, por eso no tenían otra opción que desperdiciarla.”

De ahí surgió el MVP, en este caso un marketplace vía WhatsApp con dos panaderías. En una semana ya había más de 100 personas en la lista de espera para adquirir las bolsas-sorpresa. La startup incorporó entonces a José Castro como cofundador y CTO y en sólo un mes desarrolló una versión beta de la aplicación, alcanzando la marca de 1.000 transacciones en el mismo período. Gabriel Lara, COO, completa el equipo fundador.

Aplicación GoodMeal. Foto: Reproducción.

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GoodMeal también nació con capital propio y con la ayuda de Start-Up Chile, la aceleradora estatal chilena que no pide capital a cambio de inversiones. Con este incentivo, GoodMeal alcanzó las 100.000 transacciones mensuales y cerró acuerdos con las tres cadenas de restaurantes más grandes del país (Starbucks, Juan Valdez y Dunkin’).

Por ahora, GoodMeal opera en la capital Santiago y en Viña del Mar.

Las historias de estos fundadores son similares, y no por casualidad. Kim Durand, el ingeniero aeroespacial que fundó la mexicana Cheaf, comenzó desde otra aplicación de reparto. “Después de pasar siete años en Uber, como responsable de UberEATS en el Norte y Oeste de México, decidí involucrarme en una causa y usar mis habilidades para maximizar su impacto”, dijo a LABS.

Kim Durand, el ingeniero aeroespacial que fundó la mexicana Cheaf, Foto: Divulgación.

Cheaf también nació en WhatsApp, en un grupo creado en julio de 2020. Al validar el modelo y comprobar que había demanda, Durand contrató a un gestor de comunidades, a un desarrollador y a una persona para que se encargara de la parte comercial. La primera versión de la aplicación se lanzó en una fecha que no era aleatoria – el 29 de septiembre de 2020 – el primer Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, designado por la ONU. Elena López se incorporó al equipo en marzo de 2021 como COO y cofundadora.

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Hasta el momento, Cheaf ha recaudado US$ 3,55 millones en dos rondas de inversión, una en enero de 2021 (US$ 550.000) y otra en noviembre de 2021 (US$ 3 millones). Entre los inversores se incluyen GFC, 500Startups, Duranda Ventures y Soriana.

Por ahora, Cheaf opera sólo en México: Guadalajara, Monterrey y la capital Ciudad de México.

GoodMeal e Cheaf también utilizan el concepto de bolsa-sorpresa para distribuir los excedentes, con la misma promesa de descuentos de hasta el 70% sobre los precios de los productos vendidos en las tiendas. Lo que varía entre las tres startups es la tarifa que cobran a los establecimientos.

Las chilena GoodMeal no revela su porcentaje, sólo dice que cobra «una pequeña comisión» por cada transacción, además de una tarifa anual de administración para cubrir los costos operativos. La mexicana Cheaf cobra una comisión del 20%. La comisión de la brasileña Food to Save varía entre el 30% y el 40%.

El porcentaje que cobra Food to Save es superior al de las plataformas tradicionales de delivery, como iFood y Rappi. Infante, fundador y CEO de la startup, se defiende: “iFood vende el producto que tú [el dueño del establecimiento] acabas de producir, con tu margen bien arriba. Yo vendo un producto que antes tirabas.”

Al reutilizar y generar ingresos con lo que, antes, se convertía literalmente en basura, las startups se encargan de toda la operación. Infante dice que Food to Save ofrece opciones para retirar el pack en el lugar o para entregas por delivery (en asociación con startups de logística), pero que fomenta la retirada por el cliente. “Además de ser algo más sostenible, permite descubrir nuevos establecimientos, puede generar una venta cruzada, una caminata, algo que es mucho más saludable que pedir un delivery”, dice.

Cheaf y GoodMeal no ofrecen la opción de delivery. Los clientes tienen que acudir al establecimiento a buscar su pack.

Las aplicaciones de entrega tradicionales, sin embargo, no son consideradas como rivales. Por el contrario, pueden ser aliadas en la lucha contra el despilfarro y, aunque hay indicios de que las acciones en este sentido están en el radar de estos gigantes, aún queda mucho por hacer.

“En México, las aplicaciones [de entrega tradicional] están bien posicionadas contra el uso de plásticos y envases no reciclables”, dice Durand, “pero aún se hace poco en lo que respecta al desperdicio de alimentos. Cheaf no pretende ser la solución, sino parte de la solución – y esperamos que más actores sean parte de ello”.

Para GoodMeal, las grandes plataformas no sólo no son competidores directos, sino que pueden convertirse en aliados. “El problema del desperdicio de alimentos es enorme y a escala global”, dice Haymar. “Una sola solución no será suficiente y cuantas más soluciones estén disponibles, mayor será el impacto.”

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Resultados (o la cantidad de alimentos rescatados) y planes futuros

Los tres fundadores entrevistados no revelan sus ingresos ni otras cifras contables – lo que refleja el momento incipiente en el que se encuentran -, pero revelan y se enorgullecen de una métrica que, en el contexto de impacto en el que se insertan, les parece más importante: las toneladas de alimentos rescatadas de la basura.

En siete meses de operación, Food to Save rescató 40 toneladas de alimentos, compradas con descuento por cerca de 80.000 usuarios activos (la startup considera usuarios activos a los que compraron algo en los últimos tres meses).

Los 100.000 usuarios de Cheaf rescataron 150 toneladas de alimentos de 600 establecimientos.

GoodMeal, con 25.000 usuarios de pago y 800 establecimientos asociados, asegura haber rescatado 250 toneladas de alimentos.

Además del aspecto medioambiental, el aspecto socioeconómico está en la base de las actividades de estas empresas. “En el caso de Brasil, nuestro modelo tiene el atractivo del descuento y de evitar que estos productos sean desechados, en un escenario donde más de 20 millones de personas pasan hambre”, dice Infante.

En 2021, Brasil volvió al mapa del hambre, fruto de la destrucción de las políticas públicas por parte del actual gobierno federal, un retroceso sin precedentes, sin parangón en el mundo.

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Las tres startups tienen objetivos ambiciosos para el futuro cercano. Quieren aumentar exponencialmente las toneladas de comida que se salvan de ir a la basura y expandirse geográficamente.

GoodMeal quiere expandir sus canales en 2022 para llegar a otros países al año siguiente. “Nuestro objetivo es ser una plataforma líder de optimización de recursos para la industria alimentaria en todo el mundo”, dice Haydar.

Food to Save, por ahora, se centra en Brasil. En 2022, además de alcanzar las 500 toneladas de alimentos rescatados, quiere iniciar su expansión en el país por las ciudades cercanas a Campinas (SP) y Rio de Janeiro (RJ).

Cheaf, sin precisar fechas, también quiere ir más allá de las fronteras mexicanas y apunta, inicialmente, a otros países latinoamericanos. No sólo eso: quiere operar en otros puntos de la cadena alimentaria, como la producción y el transporte. “Queremos posicionarnos como una app líder de sustentabilidad en América Latina, actuando contra cualquier desperdicio que cause impacto ambiental o injusticia social”, dice Durand.

En su presentación a la prensa, el fundador de Cheaf dijo que su mayor éxito sería que, a la larga, el servicio de la startup dejara de ser necesario.

Traducido por Adelina Chaves

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